DONDE SE DICE DE L OJOS DE LA AMADA Y DE SU EXTRAÑA PROXIMIDAD (*)



Yo no sé qué sucede, amiga mía,
con tus ojos:
                       los tengo siempre cerca,
tan lluviamente próximos
que con ellos tropiezo a cada instante
como el viento tropieza con los pájaros.
No sé si es que los pierdes,
                                              los dejas olvidados,
como olvidas y pierdes tantas cosas al día:
tu inocencia, el futuro,
el sabor de los miércoles...
o es que son, simplemente, derramados y múltiples,
de mirada plural y peregrina.
Los encuentro en mis libros
resumiendo en su azul la mar entera,
en el llanto cansado de los viejos retratos,
en la luz del quinqué, en los estuches
donde guardo tu ausencia,
en todos los espejos,
en todas las estatuas,
                                     en todas las adelfas.
A veces me vigilan desde el techo
con su casta negrura,
o juegan con el gato en las alfombras,
o surgen de repente entre las teclas
de mi olympia portátil
y entonces ya no hay forma de acabar el poema.
Cuando voy por la calle me persiguen
con su verde milagro de arrayanes,
se posan en mi hombro,
saltan a las buhardillas,
o esperan escondidos detrás de las farolas
hasta que los descubro y se diluyen
en un vuelo de risas y pestañas.
Y en la noche, dormido, se me acercan
con su pardo color de miel antigua,
los noto acariciarme, meterse entre mis venas
y navegar mi cuerpo mansamente
en una singladura de párpados y sueños.
Ah, tus ojos tempranos que todo lo amanecen,
tus ojos caminantes que lo bautizan todo
con el agua más clara,
tus ojos unitivos
que atraviesan mi tiempo y lo reducen
a su doble universo,
                                   tus ojos compañeros,
tus ojos: tantos ojos
                                   que jamás me abandonan.


(*) De mi libro “Territorio del fuego”, Madrid 1988. Incluido en la antología “Canción de canciones (Los mejores poemas de amor de la lengua castellana)”, de Mª. Asunción Mateo y Rafael Alberti, Editorial Anaya & Mario Muchnik, Madrid 1995.

Especial dedicatoria a mis amigos poetas Paquita Quintana y Juan Manuel del Pozo con mi mejor y más  cálido abrazo.





14 comentarios:

  1. Bellos todos, con la sabiduría del camino recorrido en la poesía.

    Un abrazo

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  2. Dijo Borges: "No hables a menos que puedas mejorar el silencio".
    Y tú, querido Antonio, no solo lo mejoras: lo enalteces.

    Gracias, amigo, por tan bellos poemas. Y tan sabios.
    Un abrazo desde esta Córdoba argentina, en la otra orilla del Atlántico.

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    Respuestas
    1. Muchas gracias, Juan Carlos. Te correspondo con una "greguería" de nuestro Ramón Gómez de la Serna que me emociona siempre que la recuerdo: "Lo terrible no es matar un pájaro. Lo terrible es matar un vuelo". Un abrazo.

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  3. Un verdadero placer leerte, Antonio. Me quedo con todos.

    Afectuosamente.

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  4. Hola, D.Antonio. Siempre es un placer leer un POEMA suyo. Una de las pocas cosas buenas que tiene la nostalgia es que, si visita un alma sensible y con el don de escribir de la forma que usted lo hace, pues nacen poemas como este, para deleite y disfrute de otras almas. Un abrazo, admirado maestro.

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  5. Hola poeta Me tenes olvidada
    un abrazo por tus bellas letras

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  6. Un fuerte abrazo acompañado de mi enhorabuena.

    Guillermo

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  8. Maestro, es un honor para nosotros leer esa dedicatoria bajo su inmenso poema. No he leído nunca un homenaje más hermoso a los ojos femeninos. Magistrales personificaciones y metáforas...maneja como nadie los recursos. Muchas felicidades y mil gracias. Abrazos.

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