AHORA


Ahora,
precisamente ahora,
cuando el cristal de tu ventana ha saltado en mil trozos
y sus esquirlas se han derramado en tu cuerpo
y te han cubierto de un ancho griterío de brasas
y puedes respirar más hondo, más crepúsculo,
más ciertamente tú, más tú que nunca.
Ahora, precisamente ahora,
ha llegado el momento de detenerse,
detenerse con los ojos cerrados
-quieres que tu mirada sea más profunda-
y olvidar esas aves imposibles
que vuelan y revuelan en tu cárcel de níquel,
esos tibios naufragios cotidianos
que han sembrado en tu pecho tanto calor impúber,
tanta inútil fragancia de oquedades,
tanta impasible sucesión de horas
irremediablemente hermosas...
Pero tus manos, míralas,
aún están vacías,
y en tu frente, quizás enredadera,
campean olvidados los paisajes
que no pudiste renacer, los cantos
de los más tristes arcángeles,
tu desmochada sombra,
tu clara incertidumbre.
No hay retorno posible, no hay renuncia:
Ahora,
precisamente ahora,
ha de alzarse tu voz de viento y luna,
tu voz de piedra, sangre y noche clara,
tu voz amiga, viva,
aliento perdurable que acompaña.


(En el blog, desde 20/3/2019)





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