CUERVOS




Los veo algunas tardes sobrevolar la casa
con su orgía de lutos y graznidos.
Siempre me he preguntado: si los cuervos
supieran que son cuervos,
¿querrían seguir siéndolo?
Porque lo fácil es ser oropéndola,
ruiseñor, colibrí,
o ave migratoria de estilizado cuello
y blanco plumerío.

La vida de los cuervos es mucho más difícil:
Soportan con paciencia las miradas
de temor o de odio
que las gentes les lanzan desde abajo,
tienen tan mala prensa
tan cruel bibliografía,
que casi todos dicen que son de mal agüero,
ánimas infernales cumpliendo sus condenas,
alados mensajeros para sembrar la sombra.

Si un día conocieran su condición de cuervos,
morirían de pena, estoy seguro.
Que no lo sepan nunca:
lo mejor es dejarlos en su alegre ignorancia,
en el mundo inocente de su inquieta negrura.
Hagamos que los cuervos -es decir: esos pájaros-
avecicas de Dios al fin y al cabo,
sigan siendo felices…
simplemente volando.


(En el blog desde 16/06/2019)


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